2024-01-29 • día 7 • melancolico
Un señor de aproximadamente unos 70 años, se encuentra leyendo el periódico del día, allá a lo lejos, en la plaza de Bolívar, se logra ver un tumulto de personas desesperadas por conseguir algo, que desde este punto no se logra saber que es, pero es algo que muchos deseas, tal vez sea dinero o algunos consejos, aunque como el viejo relata, ya nadie en estos tiempos le importa eso a pesar de que todos lo estén viviendo.
Muy encontra de las palabras que el buen hombre profesaba, el tumulto de personas estaba tan desesperada porque quería una oportunidad para abrir su corazón y encontrar en la escucha que un joven de 22 años la paz y los consejos que ninguna otra persona les ha podido brindar.
La reveladora noticia le revolvió los pensamientos, porque en su mente esos comportamientos ya no estaban muy presentes. Tenía en sus recuerdos que la gente se la pasaba de experiencia en experiencia, sin medir ni reflexionar por lo que se había hecho. Para él era algo alocado, ver a un joven de 22 años dando consejos a personas que realmente lo necesitaran.
Ya habían pasado más de 15 años desde que su exesposa lo dejo solo en casa, necesitaba hablar con alguien que lo escuche realmente para poder así desahogar las penas que había guardado todo ese tiempo, porque aunque a simple vista no pareciese, su corazón no le pertenecía y simplemente vivía por vivir, sin ninguna otra razón de peso que lo motivara. Por eso ese día, como muchos otros, él estaba leyendo el periódico, esperando que pase el tiempo.
Se acercó hasta donde se encontraba toda la gente sudorosa y mezclada. Hizo la fila y espero su turno, con tanta ilusión de que alguien afín tuviera la voluntad de hablar con él y por fin alguien lograra entenderlo, porque en el pasado todo el mundo le negaba las puertas por el pensamiento tan diferente que tenía.
Llego su turno y era momento de explicar su situación al muchacho que parecía que resolviese la vida a las personas con los gestos de felicidad que desprendían al momento de hablar, pero con él había algo distinto, su cara y sus palabras no desprendían felicidad, ni mucha menos ilusión por un cambio, se notaba que él quería estar así en esa situación, amando a una persona que ya no estaba en su vida desde hace mucho tiempo, lo único que buscaba en esa ocasión era alguien que lo pudiera comprender y cambiar un poco los papeles, para no ser siempre como aquel joven de 22 años que no dejaba de escuchar y ayudar a la gente.
En esta historia me identifico mucho con el señor de 70 años, ya que siempre he sido esa persona que sabe escuchar y dar buenos consejos, que hace que el momento de desahogar tus pensamientos sea algo llevadero y hasta de pronto placentero, pero hoy pude ratificar que siempre soy el que escuchó, pero muy pocas veces el que hablo y cuando lo hago me siento un incomprendido.
Escuche y aconseje a mis primos frente a las situaciones que cada uno tenía, habían cometido errores muy graves y tenían traumas que no los dejaban seguir adelante, problemas que muchos tenemos y “fácilmente” podemos solucionar. Después de la conversación, se levantaron y me agradecieron por la ayuda que le habría brindado.
Cuando los papeles se invierte me siento incomprendido porque lo que siento por Laura no es sentimiento normal y mucho menos fácil de entender, de pronto la situación puede ser un poco más común, ya que es un chico rogándole volver a una chica que solo lo quiere dejar atrás, pero ambos somos personas muy inusuales y extrañas, así que le ponemos nuestro toque a la situación y la complicamos mucho más de lo que se debería.
Aparte de eso, muchos no saben como llevarían esa situación, ni lo que he vivido con ella para llegar a ese momento, porque todo lo que hemos pasado ha condicionado a que estemos como estamos y si no se tiene en cuenta los sentimientos, la historia, el contexto y los deseos de cada uno es muy difícil que puedan estar conmigo y darme buenos consejos.
Hasta el momento no he encontrado a nadie más que a Laura que entienda los sentimientos que siento y la situación que estoy viviendo, que se compadezca un poco por este dolor que siento, nadie ha sido capaz de brindarme un poco de ayuda como ella si lo ha hecho, un gran ejemplo de lo bella persona que ella es.
Con las demás personas tengo problemas para contarle lo que me sucede, para poder hacer que entiendan lo que siento, ya no es fácil nada de lo que está sucediendo, debido a que no son cosas comunes, por ejemplo no es normal amar a una persona sin verla o al menos tener algún tipo de contacto con ella, y muchísimo menos habiendo pasado tanto tiempo desde su partida.
Eso es muy extraño que lo entienda y me juzgan por todavía estar en esa situación, se les hace que está incorrecto seguir queriéndola así en silencio, para ellos simplemente es un capricho y una obsesión que hasta que no decida quitármela, mi vida no cambiara.
Y así muchas de las veces que he intentado explicar mi situación con ella terminan juzgándome y discutiendo conmigo por ideas que a mí me parecen super comunes y lo mejor de todo super sanas.
Lo más difícil de que no te entiendan es que estás tú solo en todo esto, eres tú solo contra los millones de pensamientos contradictorios que existen ahí afuera. También es difícil porque te hacen dudar si lo que deseas es realmente lo correcto y lo que quieres y muchas veces me hacen caer en estado de negación.
Afortunadamente, siempre hay alguna llega, alguna razón, la cual me dice que nada de lo que digan o piensen, los demás importara, si no, que solamente importa lo que yo sienta, lo que yo piense, porque ellos no son, ni serán partícipes de mi relación con Laura.
Hoy hubo una razón muy bonita, soñé que ya había arreglado las cosas con ellas y todo era tan bello y tan hermoso, porque me sentía en tanta paz y felicidad que no quería despertar de ese lugar, fue un sueño muy maravilloso.
Ojalá algún día se vuelva realidad algo parecido, ojalá y la vida me regale la oportunidad de volver a hablar, que con sin desesperación, pero con mucha ilusión la estoy esperando, sin importar lo que digan los demás, yo simplemente la amo, con todas las fuerzas con las que yo puedo amar.